Grand Theft Aaargh!
Mayo 26, 2008
Soy fan del GTA. He intentado negarlo, ir a terapias y consultarlo con expertos, pero la conclusión es la misma: Creo que soy una groupie de Rockstar.
Supongo que está relacionado con la progresión. Cuando pruebas un GTA durante un par de horas empiezas a darte cuenta de que lo que hay alrededor es algo más que robar coches y atropellar a todo bicho viviente que se cruce en tu camino. Es algo colocado ahí a propósito y que, en el caso de la última entrega, tiene unas proporciones gigantescas. Del tamaño de Nueva York, para ser más exactos.
El gran acierto de Grand Theft Auto es su propia independencia frente al mismísimo jugador. La ciudad tiene su propia cultura, sus horarios, su tráfico, su tiempo y espacio, que continúan existiendo hagas lo que hagas. Sabes que ese nivel de detalle funciona cuando en vez de limitarte a hacer las misiones que componen la historia del juego te dedicas a salir a jugar a los bolos o al billar con alguno de los personajes, ligar por Internet o simplemente robar un coche sólo para escuchar tu emisora favorita mientras deambulas por la ciudad. Y lo más contradictorio de todo es que seguramente te diviertas más así que persiguiendo al camello local en una moto mientras vacías alegremente tu semiautomática.
Pero todo ese realismo me resulta perturbador. Y es algo que descubrí al seguir la secuencia lógica de pasos que tienes que hacer cuando te compras un GTA. Uno: Cargar el juego, dos: Robar un coche y tres: Atropellar al pobre diablo que se encuentre más cerca. Podéis negarlo si queréis o incluso argumentar sobre la influencia de la violencia explícita en las mentes de los más jóvenes, pero es la prueba de fuego de cualquier GTA: “¡Hey, mira que coche más chulo! ¡Hey, mira que de transeúntes andando despreocupados por la acera! Vaya, un transeúnte… Ups, dos transeúntes…Ooh, ningún transeúnte…”
Pero cuando estaba cometiendo semejante acto de barbarie me encontré con algo completamente distinto de lo que estaba acostumbrado. Me encontré con algo más real. Demasiado real. Donde antes sólo veía píxeles y polígonos cambiando de color y de forma me encontré con dolor, con mucho dolor . Había miembros torcidos en ángulos imposibles y graves traumatismos y meses de rehabilitación. Tuve que dejar el juego, ponerme frente a un espejo y repetirme que había sido un accidente.
La siguiente vez que jugué maldije a los programadores por no poner intermitentes en todos los vehículos.
Mi odisea no acabó ahí. Adivinad cual fue mi sorpresa al descubrir que uno de los personajes principales se llamaba igual que yo. Cual, os preguntaréis: ¿El ex militar ruso conocido por haber matado a trece hombres con sus propias manos durante la guerra? Nop ¿El terrible mafioso italiano cuyo nombre hace que asesinos en serie caigan de rodillas y supliquen por su vida? Frío, frío ¿El primo putero, cobarde, semialcohólico y ludópata del protagonista que te deja en la estacada cuando se le presenta la primera oportunidad? Bingo…
Pero a pesar de haberme despojado del último ápice de dignidad que me quedaba (trabajo en una tienda de videojuegos y tener el mismo nombre que uno de los protagonistas no ayuda en el día a día, creedme) se me siguen poniendo los pelos de punta cada vez que escucho One Vision conduciendo un Banshee a toda velocidad por las calles de Liberty City. Y rezando porque lo que acaba de pasar por encima de mi capó sea sólo una papelera.
Your Cousin, Roman Bellic
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