ESPORAS, SOLDADOS Y RATAS ELECTROSTÁTICAS
Julio 1, 2008
En la pasada temporada navideña se me podía ver por en los bares de ambiente geek lamentando con aire severo que el tradicional aluvión de triple-As que las desarrolladoras se guardan para apenas quince días era contraproducente y que los juegos, como el cine, necesitaban una temporada alta en verano. Por lo visto, me creía más original de lo que soy en realidad, porque este junio hemos tenido de todo.
Super Smash Bros. Brawl no es un juego que deje a nadie con la boca abierta en la primera toma de contacto. Si no fuese por la erótica que hereda de Melée, el best-seller de Gamecube, salvador de todo lo que es Nintendo, según los que llevan la cuenta, tal vez ni se habría esperado con impaciencia. Cuando lo juegas es igual. Hay muñequitos pequeñitos, se pelean. Lo típico.
Lo que tiene el puñetero es que es… entretenido. No hay que subestimar esa cualidad. Desde la NES las consolas son “sistemas de entretenimiento”, así que se puede argumentar que el mayor éxito posible en esta industria es ser entretenido. Sin más. El juego está dispuesto en capas, como un delicioso pastel de bofetadas. Solo entrar en todos los menús lleva media hora. Os aseguro que en un momento dado creo que me despisté, olvidé dónde estaba guardado cierto modo de juego y tuve que organizar un equipo de búsqueda para recuperarlo. Cierto es que ninguna de las opciones disponibles es la más profunda en su género. No es Virtua Fighter, no es Super Mario Bros, no es Little Big Planet, ni Halo 3, pero es una buena versión simplificada de todos ellos juntos. Probablemente es la mejor oferta de juego al peso desde The Orange Box. Imagino que, cuando un desarrollador del equipo entra en una sala llena de gente que se dedica a hacer juegos descargables para Wii Ware o Live Arcade se tiene que generar una situación muy incómoda, llena de miradas a la puntera de los zapatos y silbidos de disimulo.
Este mes también ha salido la demo de Spore. Técnicamente, la demo del creador de personajes de Spore. Es como mirar por el ojo de la cerradura, no a una chica desnudándose, sino al montón de ropa que hay en el suelo. La versión gratuita apenas tiene un puñado de piezas para montar tus propios crímenes contra la naturaleza y el buen gusto, pero son más que suficientes para hacer casi de todo:
Por supuesto, lo primero que te sale es un bípedo con un pene desproporcionado y, probablemente una boca llena de dientes en la punta. No pasa nada, todo es parte del plan. Tras un rato probando variaciones sexuales, uno acaba tirando por las imitaciones ¿Puedo hacer un Yoda? ¿Un Sonic? ¿Un Alien enculando a un Depredador? La respuesta, por cierto, es sí, siempre que te conformes con unas versiones recubiertas de colgajos de carne aparentemente sin nada de piel encima.
Después ya llega la fase de la experimentación. Crear modelos es una cosa, todo el mundo lo hace, pero animarlos independientemente del número de miembros que tengan es pedir que le busques las cosquillas al motor. Aquí se ve el tiempo invertido, porque a Spore parecen ocurrírsele formas de mover los personajes sobre la marcha. El bichejo que tenéis ahí arriba no tiene piernas… oficialmente. De algún modo, consigue caminar pese a ello con un trotecillo vivaracho totalmente inesperado.
Cobrar por la versión extendida del editor, aunque te devuelvan parte del dinero con el juego completo, me parece un abuso y aún no creo que Spore vaya a repetir el éxito de Los Sims, pero como jugada de marketing, la demo es una obra maestra. Pongámoslo así, antes respecto a Spore sólo tenía curiosidad. Ahora tengo deberes que hacer.
Metal Gear Solid Online es un buen juego. Los elementos que hereda de la mecánica del modo de un jugador son su mejor baza para trascender el shooter y crear una especie de western multijugador lleno de peleas a puñetazos, duelos en calles desiertas y escondites improbables.
Lamentablemente, las instrucciones para configurar una cuenta empiezan con tener una ID de PSN network y se ponen más esotéricas a partir de ahí. Me gustó la parte en la que el juego abre un navegador para registrarte en la página de Konami en tu PS3 pero, aparentemente, sólo un Internet Explorer debidamente equipado es capaz de ejecutar los formularios de venta de tu alma en condiciones. Tengo que reconocer que me perdí en la cláusula en la que debes mantener encendidos dos cirios negros fabricados con la sangre de un súcubo mientras lees el acuerdo de licencia al revés. Sospecho que todo el proceso es un jefe final en sí mismo, como una versión retorcida de cambiar el mando de puerto para vencer a Psycho Mantis en Metal Gear Solid.
Mi consejo es que si vais a jugar lo hagáis ya. Quién sabe lo que habrá que hacer para poder conectarse si le dáis tiempo a Konami a hacer dos o tres actualizaciones más al sistema.
Ah, y Blizzard ha anunciado un Diablo 3. Habiendo no sólo destrozado ratones sino, en una ocasión muy poco saludable, hecho implotar un lector de CDs por abuso de las anteriores ediciones, este post se me queda pequeño para hablar del tema.
En otra ocasión.
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