VUELVE A LLAMARME CAPULLO

Agosto 14, 2008

He de reconocer que la premisa de Hancock me interesaba. Era una oportunidad para ver si era posible hacer una película de superhéroes sin necesidad de recurrir a las grandes franquicias como DC o Marvel. Para ver si se podía crear un superhéroe de la nada y que funcionase en taquilla.

La buena noticia es que Hancock funcionó en taquilla. Logró ponerse en el número uno de recaudación en su primer fin de semana. Hasta que apareció la segunda parte de Hellboy, claro está. Pero eso es otra historia.

Hancock es un desastre. Es una especie de Superman, alcohólico, desaguisado y sin mucha madera de superhéroe. La ciudad al completo le odia porque, cada vez que interviene, genera muchos más problemas de los que intenta solucionar. Y destrozos. Muchos destrozos. Es un superhéroe a la fuerza. Pero todo empieza a cambiar cuando conoce a Ray Embrey, un relaciones públicas altruista que quiere cambiar el mundo (Nota para posibles guiones: ¿Un relaciones públicas altruista que quiere cambiar el mundo? Si, claro. Es como intentar escribir una historia sobre una abogado íntegro). Ray pretende renovar la imagen de Hancock, convertirle en un superhéroe de verdad y hacer que le gente le acepte y le admire.

Como ya he dicho la premisa me parecía muy interesante. Y lo es, sólo que durante la primera mitad de la película. Hancock acepta la ayuda y trata de mejorar. Obviaré las implicaciones de que un superhéroe negro y alcohólico deba pasar por la cárcel para rehabilitarse y convertirse en un miembro útil de nuestra sociedad. Aún así Hancock acepta la condena por los destrozos ocasionados y logra ser aceptado, a su manera, por la ciudad que protege. Y ahí debería haber terminado la película.

La segunda mitad es un batiburrillo de cosas sin sentido y especulaciones sobre el origen de Hancock. No voy a destriparla aquí por aquellos que tengan algún interés en la película pero, básicamente, es una explicación de la figura de Hancock y de su amnesia. Sólo que con reglas completamente absurdas y aleatorias. Y con esa necesidad de incluir villanos por tener algo que combatir y sin personalidad alguna.

He de reconocer que las escenas de acción son de lo mejorcito de la película, una de especialidades del director, Peter Berg. La última de Berg fue The Kingdom (creo que aquí se tradujo como Operación Reino o algo así) con Jaime Foxx y Jennifer Elektra Garner y se rumorea que será el elegido para dirigir el remake de Dune. Quizás Hancock abusa de los efectos especiales pero, hey, es una película de superhéroes, es un poco difícil hacer que un tipo agarre un coche y lo levante por los aires sin tener un croma gigante detrás. Aunque Christopher Reeves podía hacerlo en los ochenta.

Aunque si tengo que quedarme con algo de Hancock es con Will Smith. Es superior a mi. Es un tipo que me cae bien. Y que encima lo hace bien. Tiene ese extraño carisma que hace que te olvides de que estás viendo Indepedence Day. O Soy Legenda. Estoy de acuerdo con esa teoría que circula por la web que dice que si Will Smith puede hacer que Hancock triunfe entonces puede hacer cualquier cosa. Hasta separar el Mar Rojo. Es el Príncipe de Bel Air ¿Qué esperáis?

Pero aún con Will Smith, Hancock no me termina de convencer. Pero mirad el lado bueno. Podría haber sido Spawn 2. O Shaquille O´Neal.

Romancock

Visita www.zapatosdecocodrilo.es

Escribe un comentario