LA FAMILIA CRECE 3/4

Septiembre 21, 2008

Es uno de septiembre. Lunes uno de septiembre.

Eso significa varias cosas.

Significa que esta manaña en el metro había una cola enorme de gente recién llegada de Torrevieja tratando de conseguir su abono transporte todos a la vez (los que curramos en estío nos permitimos una sonrisa de suficiencia, con nuestros abonos comprados el día veintiocho). También significa que dentro del metro en sí había el triple de sobacos sudados (¿cómo hace la gente para ir sudada a las ocho de la mañana?).

Y también significa que se relanzan las series norteamericanas.

Y, sí, quiero decir las series norteamericanas que luego nos bajamos todos de internet. Que también son las series norteamericanas que sus creadores cuelgan en webs de streaming a las que les han puesto un filtro de IP para que no puedan verse desde Europa. Las series que algún grupo de gente que no alcanzo a comprender traducen y subtitulan en tiempo récord y sin cobrar, trabajo por el que las teles nacionales pagan dinero a paladas a empresas que no lo hacen mejor ni más rápido. Las series cuya descarga no infringe ninguna ley (lo he mirado) en estas condiciones, pese a que la SGAE nos viene ahora con que quieren que Telefónica corte el grifo del ADSL a los que lo hace(mos).

Pues esas.

Aparte de los cotilleos habituales sobre Lost, Heroes, How I Met Your Mother, Naruto, Mythbusters y demás, esta nueva moda de seguir las series de forma global a través de la red demuestra que el capitalismo es una cultura de intermediarios. La SGAE no sale con tonterías para evitar las descargas ilegales de “Los girasoles ciegos”, le pese a doña Gzlez-Sinde (nunca te fíes de un apellido compuesto) lo que le pese. Se trata de Madonna, Shakira, Activision y, sí, ABC, Telecinco y el resto del cotarro.

No son los creadores, son los distribuidores los que tienen algo que perder en internet. Del mismo modo que la iniciativa de los agricultores del sur de abrir tiendas con su propio dinero para vender fruta a una fracción de su precio en lugar de dejar que los intermediarios lo inflen exageradamente sólo es una amenaza para los intermediarios.

Pero en esto, como en todo, que pierdan los malos sólo viene a perjudicar a los buenos. Como con la vivienda, la caída de los especuladores es un peso muerto que arrastra a todo el mundo. Cierto, Game y Gamestop hacen negocio de forma más o menos fraudulenta revendiendo juegos usados que han comprado a un precio irrisorio, pero eso les ha convertido en negocios de miles de millones de euros ¿Sabéis lo que pasa cuando un negocio de miles de millones de euros se viene abajo de repente? Claro que lo sabéis. Como todos. Desgraciadamente.

Pero a veces ese cambio es necesario. Igual que iTunes se levanta de las cenizas de la industria discográfica, el equivalente en su día de Xbox Live Marketplace se levantará de las cenizas de Gamestop y el iTunes de la tele surgirá del cadáver putrefacto de Telecinco. O del cadáver del putrefacto Telecinco, como prefiráis.

Como con las naranjas y las sandías, el consumidor final suele tener la gran idea enseguida, con mucha facilidad, y además llevar toda la razón ¿El intermediario multiplica el precio un doscientos por cien? Pues vende tú los nísperos, tonto ¿La gente se descarga las series de internet en lugar de vérselas con publicidad en TVE tras haber pagado por ellas un pastón en Cannes, doblarlas, promocionarlas y emitirlas? Pues ponle publicidad al vídeo y regálalo por Interneti, idiota.

Y, claro, están en lo cierto, pero explícaselo tú al señor que dirige la programación en Telecinco, o al tipo de ABC que sólo admitirá colgar Lost en internet si sabe que no perjudicará a las ventas extrajeras en los mercados internacionales, o a la empresa de publicidad que se las tiene que ingeniar para que su negocio funcione en internet, un medio que se resiste a la publicidad invasiva como gato panza arriba.

Pero, al final, cuando todos los señores con corbata acaban de hacer su trabajo y de dar sus razones, nos pillan a todos con la última de Madonna sonando a todo trapo en un iPod y el último capítulo de Perdidos exquisitamente subtitulado en cualquiera de los diez soportes que tenemos cada uno para reproducir vídeo y, como con iTunes, gana el primero que encuentra una manera de sacar dinero de todo esto y convence a los creadores para sacar la cabeza del hoyo y arriesgarse a distribuír de una forma nueva.

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