COMPETENCIA DIRECTA

Septiembre 21, 2008

Competencia Directa

Sí, bien, uno de los (dos) cofundadores y coescritores de la web ha abandonado esta masa de tierra y se ha perdido en la espesura de los bosques de la Canadá francófona, pero eso no significa que le vayamos a dejar descansar. En cuanto haya descubierto una forma de extraer electricidad y una conexión wi-fi de los abetos le tendremos de vuelta.

Mientras tanto, aprovecho mi soledad para colgar lo que a mí me dé la gana sin que nadie pueda quejarse. Salvo el cactus, responsable de nuestro departamento de control de calidad.

¿Habéis jugado Braid? Seguro que sí, porque estos días no se habla de otra cosa. Hacer que tu juego cueste el 50% más que todos los demás parece ser muy buena publicidad. Esperemos que los creadores de Guitar Hero: World Tour no se enteren.

Pero Braid culmina algo bastante sorprendente: el ascenso definitivo a la legitimidad del juego 2D descargable. Ni es juego flash ni deja de serlo, bebe de las fuentes casual de los juegos gratuitos basados en navegadores para PC y, por una vez, genera dinero sin recurrir a timos piramidales o a plantar un billete de veinte y esperar a ver si crece. Pagas, juegas. Como siempre.

Para terminar, permitidme una queja común pero poco publicitada. El otro día fui al cine. Wall-e. Sí, muy bonita, todo muy mono, me lo pasé bien, podría haber sobrevivido sin la moralina anticonsumista, pero ninguna queja en el plano del contenido. El caso es que para ver la película tuve que acudir a un cine. Eso es una molestia en sí, teniendo en cuenta el dinero que me he gastado en cosas para reproducir Blu-ray últimamente, pero tampoco es el problema. El problema es que, por algún motivo, siento la compulsión de comer palomitas en el cine. Primero, porque a los pedantuelos que frecuentan los garitos de versión original les pone de los nervios. No hay mejor terapia contra mi frustración hacia la industria del cine español que coincidir con Isabel Coixet, sentarme frente a ella y masticar ruidosamente durante hora y media viendo una película coreana, pero también porque es parte del ritual y me gusta.

Me gustaba.

De hecho, me gustaba incluso que las palomitas fuesen desproporcionadamente caras y ese dinero financiase las salas. Me parecía justo. Pero ya no. Cuando llegué al cine (de la cadena CINESA, que no quede sin decir, aunque todas hagan lo mismo) un niño de como cinco años detrás de la barra me ofreció dos opciones. O bien un dedal con granos de maíz y un cuentagotas con Coca-Cola, o bien lo que solo puedo describir como una piscina portatil llena de palomitas y uno de los depósitos de almacenaje de la primera fábrica de Coca-Cola de Europa. Negándome a que me extorsionasen para comprar más palomitas de las que quería en realidad escogí el paquete pequeño. Temiendo que el cuentagotas no me bastase y muriese deshidratado durante la película, decidí comprar también un bote de Aquarius ™.

Lo que resultó más caro que el menú grande.

Bastante más caro.

Como cuatro euros.

Así que, muy amablemente, me giré hacia el niño de cinco años, al que varias leyes me impiden azotar en el trasero, y le dije que no quería mi bote de Aquarius ™ hecho de oro macizo. El niño de cinco años me contestó que ya me había cobrado y no aceptaba devoluciones de productos consumibles, ni aunque estuviesen precintados todavía. También me dijo que un microfilm que había escondido en alguna parte de la padred contenía la lista de precios y que culpa mía por no haberlo consultado antes. Luego echó cuerpo a tierra para esquivar una marquesina voladora y yo pasé a la sala.

Las palomitas, por cierto, estaban sosas.

Aparte de haber desbarrado durante un par de párrafos y haberme quedado más tranquilo hay una moraleja subyacente a todo esto, lo creáis o no. Puedes sacarle dinero a la gente. Pueden incluso dártelo con cierta alegría, con la noción de que están apoyando algo que les gusta y lo financian con parte de sus ingresos al tiempo que lo disfrutan, como pagar quince euros y no diez por que Braid te derrita el cerebro y te haga ver el mundo de otra manera. O puedes extorsionarles, poner a un matón en la puerta que les agarre de los tobillos y les agite hasta sacarles toda su calderilla, aprovechando que vienen a entretenerse y, presumiblemente, no están prestando mucha atención.

Una de las dos cosas es rentable y genera buenas relaciones públicas.

Una pista, Braid ha vendido más de veinte mil copias en apenas una semana, más que la mayoría de los demás juegos descargables en su plataforma, pese a costar un 50% más. Otra, los cines pierden visitantes cada año y los parques temáticos (que parecen diseñados por el mismo matón de discoteca) están todos, sin excepción, al borde de la ruina.

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