LA FAMILIA CRECE

Septiembre 21, 2008

 

Competencia Directa

Si da la impresión de que unos llegan y otros se van, es completamente falsa. En realidad, todos llevamos aquí desde el principio. Pero hablaremos más sobre eso dentro de unos días.

De momento, he visto El Caballero Oscuro. Como todo el mundo. Ahora ya es la segunda película más taquillera de la historia (sin corregir la inflación, que “Lo que el viento se llevó” es mucha “Lo que el viento se llevó”) y, si algo tengo claro después de poder contemplarla al fin en toda su gloria, es que no hay un buen motivo para ello.

No me malinterpretéis, me gusta la peli. Más que a otros insignes colaboradores de Zapatos, creo. Es, probablemente, la única película de superhéroes hasta el momento que se ha dado cuenta de lo que los cómics ya sabían hace tiempo: que lo de los superhéroes, en el fondo, es una tontería, y que más vale recubrir al tipo de los calzoncillos por fuera de los pantalones con otros géneros, si quieres contar una historia medio digna. El Caballero Oscuro es parte Seven, parte El Padrino, parte Harry el Sucio, pero funciona bien como unidad.

Pero, por favor, no funciona 800 millones de dólares como unidad. 800 millones es mucho funcionamiento.

Así que ¿por qué? Titanic no era mejor película, ni mucho menos, y no va a caer de su número 1 todavía (tal vez nunca, tal y como van las cosas). Es la clase de misterio que llevó a Goldman a soltar aquello de “nadie saba nada” y quedarse tan ancho.

Lo que tienen en común Titanic, Lo que el Viento se Llevó, La Guerra de las Galaxias (¿Alguien recuerda cuando todavía la llamábamos así?) y El Caballero Oscuro, por si eso da alguna pista, es la publicidad sobre elementos accidentales a la película en sí. Lo que el Viento se Llevó cambiaba de director como Selznick de calzoncillos y se convirtió en un icono del cine de productor hollywoodiense. Titanic se hizo famosa por ser la peli más cara de la historia y, a la vez, ser un melodrama romántico, con lo que los analistas americanos tomaron sus sillas plegables y se sentaron frente a la casa de James Cameron, cruzando apuestas sobre si tras el estreno se pegaría un tiro o se quemaría a lo bonzo en el jardín. No exagero en absoluto, por cierto, recuerdo perfectamente los telediarios anunciando a voz en grito el suicidio artístico e industrial de Cameron meses antes del estreno. La Guerra de las Galaxias hizo trampa y se reestrenó varias veces para llegar a donde está, aparte de fundar las pelis franquicia como las conocemos ahora, con permiso de James Bond.

Y luego está todo el asunto con Heath Ledger. Recién descubierto, recién idolatrado por la crítica, muerto justo después de terminar la post de su última peli. De algún modo, Warner consiguió que entre los cotilleos sobre si su novia y su familia se llevaban a matar, sobre si la sobredosis fue accidental o no, sobre si vivía solo en esos momentos para “ser más Joker” y paridas semejantes, la película se mencionase de forma muy neutra. No fue como cuando Raul Julia se murió justo después de Street Fighter, donde la película sólo se mencionaba para recordar que Julia era, en realidad, un gran actor y que aquello había sido un despiste en mal momento. Los medios dieron a Nolan y su segundo Batman el beneficio de la duda, supongo que porque Batman Begins tiene buena reputación. Pero la mencionaron. Durante meses.En Estados Unidos la cobertura mediática fue mayor, pero eso no importa mucho, porque dado que el estreno fue escalonado (costumbre bastante anticuada), en Europa tuvimos mucho tiempo para enterarnos del enorme éxito de la peli antes de poder verla. No hay nada mejor para la taquilla, si consigues evitar que los manteros destripen todo el pastel antes de tiempo.

Así que 800 millones, y contando.

Pero tampoco hay que ponerse cínicos. Es una buena peli. Si no lo fuese, se habría desinflado mucho antes. De todos modos, queda claro que hacer que el público masivo se entere de cosas como ésta consiste en acercárselas desde otros ángulos, desde reseñas mal documentadas en los periódicos dominicales y piezas de diez segundos en las noticias. La “hype machine” sólo llega hasta cierto punto. Y si no, que se lo pregunten a Nintendo.

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